De la arcilla al horno: la alfarería que sobrevive en el Atlántico

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De la arcilla al horno: la alfarería que sobrevive en el Atlántico

De la arcilla al horno: la alfarería que sobrevive en el Atlántico

La arcilla huele a tierra mojada y, en las manos de una buena alfarera, se convierte en algo que parece vivo. En el taller Artesanías La Tinaja, la maestra recibe a los visitantes con el barro ya amasado y una advertencia cariñosa: "esto no se aprende en un día, pero se disfruta desde el primer minuto".

El taller enseña la técnica del rollo: se forman tiras de barro, se van apilando con paciencia y se alisan con los dedos hasta que la vasija toma forma. Cada pieza queda distinta porque las manos dejan su marca. Al final, la pieza se hornea y el visitante puede recogerla días después o llevarse la vasija cruda con instrucciones.

El barro no miente. Si llegas con prisa, la vasija se te cae. Si llegas con calma, te aguanta toda la vida.

Maestra alfarera de La Tinaja

Es una de esas experiencias que se recuerdan más por el proceso que por el resultado: media tarde con las manos en el barro, aprendiendo un oficio que los pueblos del Atlántico se niegan a dejar morir.

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